TOC

 

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) se caracteriza por presentar dos conjuntos de síntomas muy relacionados: Obsesiones y Compulsiones.

Síntomas TOC

Para cada persona pueden existir un conjunto de estímulos, conocidos como disparadores (triggers), que desencadenen en ella una respuesta de amenaza o peligro, acompañada de un malestar emocional muy elevado y desagradable de sentir: miedo, culpa, enfado, rabia, asco, vergüenza, soledad…

Cuando aparecen esos triggers, que pueden ser externos, como ver un perro, oír un sonido, tocar un objeto…; o internos, como pensamientos, recuerdos, imágenes, sensaciones físicas, emociones, impulsos, etc, la persona conecta con ese malestar emocional suficientemente elevado y perturbador que la lleva a hacer todo lo posible por intentar dejar de sentirlo.

La estrategia principal que va a utilizar para ello va a ser la evitación, tratando de rechazarlo y huir de dolor emocional.

Comienza así una lucha titánica entre la aparición de pensamientos, imágenes, emociones, sensaciones, etc, de manera intrusiva, repetitiva, intensa y perturbadora, que necesitan que se les prestes atención para poder ser procesados y gestionados como corresponde, frente a la necesidad de la persona de “huir”, evitando y rechazando, lo que interpreta que es en sí EL PROBLEMA, dando lugar al bucle que conocemos como TOC.

OBSESIONES

Mensajes repetitivos e intrusivos,  normalmente en forma de pensamiento, imagen, recuerdo…, que generan un malestar emocional bastante elevado, de los cuales tienen mucha dificultad para “desconectar” y no prestarles atención. 

Sienten que no tienen control sobre su aparición,  siendo muy molestos cuando surgen.

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COMPULSIONES

Conductas de seguridad que la persona siente que necesita realizar para controlar, calmar y reducir el malestar que están sintiendo. Pueden ser:

Físicas: lavarse las manos, limpiar, hacer comprobaciones. o en definitiva, cualquier ritual físico que regule su angustia emocional.

Mentales: darle vueltas al mismo pensamiento (rumiar), contar, repetir, comprobar, o en definitiva, cualquier ritual mental que regule su angustia emocional. 

Sin darse cuenta, la persona que sufre este problema entra en un círculo vicioso, que refuerza y consolida cada vez que lo repite, entrenando así su cerebro en gestionar su malestar emocional de la misma manera patológica: tratando de evitar sentir (a través de sus rituales) aquello que le es tan desagradable de manejar.

Esta estrategia de regulación emocional se convierte en la única herramienta que la persona siente que tiene para hacer frente a su malestar, desarollando una dependencia hacia sus propios rituales de la que no saben ni pueden escapar.

Este circuito se va repitiendo una y otra vez, cogiendo cada vez más fuerza, llegando a limitar considerablemente la calidad de vida de quien lo sufre, ya que acaba afectando a sus principales áreas vitales: trabajo, amigos, familia, estudios, ocio, pareja, etc, con el consiguiente sufrimiento psicológico que eso conlleva.

Cabe destacar, además, que las personas que padecen TOC sufren mucho por el hecho de ser conscientes (en la mayoría de los casos) de que lo que les ocurre es algo irracional, que carece de sentido lógico. Sin embargo, se sienten “esclavos”, bajo el yugo de su propia condición psicopatológica, a tener que realizar sus rituales para sentirse mejor, aunque en realidad detesten hacerlo.  

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TRATAMIENTO

Es bien conocido que para el tratamiento del TOC se recomienda utilizar la técnica de exposición con prevención de respuesta (EPR).  Sin embargo, en muchos casos, trabajar únicamente con esta técnica puede llegar a ser insuficiente para abordar el problema

 

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La EPR consiste en exponer a la persona de manera progresiva a aquellos estímulos (disparadores) que le generen un malestar emocional elevado, acompañado posteriormente de la prevención de la respuesta de evitación del estímulo: no deben huir de él, generando un nuevo aprendizaje en el que dicho estímulo pierde la fuerza para provocar la activación emocional tan perturbadora e intensa que suele provocar.

Comúnmente, esto se conoce como trabajar el síntoma. Sin embargo, es muy recomendable poder ahondar y entender además cómo se han llegado a generar dichos aprendizajes (erróneos) para poder modificarlos.

Para ello, en terapia, se explorará qué relación guarda esos estímulos con la historia de vida de la persona, cuándo aparecieron, en qué situacion / contexto se encontraba la persona por aquel entonces, cómo lo gestionó, etc, ya que muchos estímulos se condicionan y asocian tras sufrir experiencias que podemos entender como traumáticas (de alto impacto emocional y muy difíciles de gestionar).

Al no saber/poder gestionar emocionalmente esas experiencias la persona desarrolla otras estrategias poco adaptativas, en este caso el TOC, que aunque les genera también mucho sufrimiento, son un intento de solución a dicho problema.

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Trabajar únicamente el síntoma, conlleva el riesgo de que a corto plazo puede presentar relativa mejoría, pero a medio-largo plazo, se pueden reactivar esas heridas psicológicas, y la persona puede volver a desarrollar las mismas estrategias disfuncionales del pasado para defenderse de sus heridas (experiencias traumáticas), al no haber aprendido nuevas estrategias, sanas y funcionales, que le ayuden a gestionarlo de una forma distinta. 

En muchos casos, dada la gravedad de la sintomatología que presenta la persona, y las limitaciones que le provoca el propio trastorno, es importante ayudarse de tratamiento farmacológico que permita regular los niveles neuroquímicos del cerebro y sistema nervioso para poder optimizar el tratamiento psicológico.

Por supuesto, esto no significa que necesariamente, padecer TOC, conlleve encontrarse bajo tratamiento farmacológico. Es importante personalizar e individualizar cada caso en función de las necesidades y circunstancias de cada uno.

 

JOSE FUENTES

PSICOLOGÍA

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