Trauma

 

La palabra “Trauma” procede del griego, y significa “HERIDA”. Por tanto, cada vez que hablamos de traumas psicológicos, estamos hablando de heridas psicológicas.

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Normalmente, tenemos asociado que un trauma es un evento de alta carga emocional que supone un impacto tremendamente significativo para la vida de la persona, como puede ser un atentado, un accidente, una violación, etc, y por supuesto, estos lo son.

Sin embargo, existen otros muchos eventos que pueden pasar desapercibidos, pero que generan un impacto lo suficientemente doloroso en la vida de la persona como para generar una herida psicológica, como puede ser una discusión familiar, una ruptura de pareja, un despido laboral, etc.

En muchas ocasiones, también podemos encontrar heridas psicológicas en lo que NO ocurrió, como las veces que no me invitaron al cumpleaños de mis amigos o las veces que mi padre no vino a recogerme al colegio porque tenía que trabajar.

¿Cómo se produce un trauma?

Nuestro cerebro trata de integrar toda la información que recoge del medio (externo e interno) a través de los sentidos, y la procesa en las distintas áreas cerebrales encargadas para ello. De tal manera que, nuestra percepción de la realidad se convierte en una única experiencia integrada, coherente y congruente, recopilando los distintos aspectos y matices que hay en ella.

Sin embargo, cuando se produce una experiencia traumática, la carga emocional de dicha experiencia es tan sumamente fuerte, dolorosa e impactante que nuestro cerebro es incapaz de llevar a cabo correctamente dicho procesamiento e integración de la información.

Es como tener una indigestión: hemos comido tanto, que nuestro estómago no es capaz de llevar a cabo correctamente el proceso de la digestión, dando lugar a síntomas físicos como dolor de estómago, empacho, malestar físico, etc. como señal de que algo no está funcionando correctamente. 

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Lo mismo ocurre con las heridas psicológicas: cuando sufrimos una experiencia traumática, ya sea por un evento puntual de una alta carga emocional, como un accidente de tráfico; o un evento repetido a lo largo del tiempo, que acaba suponiendo una alta carga emocional también para la persona, como sentir rechazo por parte de mis compañeros, nuestro cerebro puede no ser capaz de gestionar de forma apropiada esa experiencia, generando una herida emocional y psicológica que tendrá que sanar. 

TRATAMIENTO

En terapia, vamos a identificar esas heridas (experiencias) traumáticas que aún están abiertas (activas) en el presente, y que aún están haciendo sufrir a la persona, y vamos a procesarlas correctamente, es decir, vamos a sanarlas y cerrarlas, para que se conviertan en cicatrices que acompañen a la persona, pero que ya no duelan.

 

¿Cómo vamos a hacerlo?

Existen diferentes técnicas y recursos terapeúticos para trabajar el trauma psicológico: El objetivo es ayudar al cerebro a poder procesar esa información que ha quedado fragmentada, lo que se conoce como Técnicas de Integración Cerebral.

Actualmente, una de ellas que cuenta con mayor reconocimiento y apoyo científico para este cometido es E.M.D.R (Eye Movement Desensitization and Reprocessing).

Esta técnica se basa en el procesamiento natural y adaptativo de la información que realiza nuestro cerebro cuando nos encontramos dormidos en la fase profunda del sueño: la Fase REM. En esta fase, nuestro cerebro realiza el famoso movimiento sacádico de los ojos, moviéndolos de izquierda a derecha y viceversa. Este movimiento pone en marcha los mecanismos cerebrales que permiten el procesamiento adecuado de la información debido a la estimulación alterna de los dos hemisferios cerebrales.

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Close-Up Photo of Woman With Her Hands Tied With Rope

¿Cómo FUNCIONA?

En terapia, reproduciremos ese mecanismo a través de aplicar estimulación bilateral alterna (ya sea de forma visual, táctil o auditiva) para ayudar al cerebro a realizar, de forma artificial y controlada, dicho procesamiento natural de la información que tendría lugar de igual manera al encontrarnos durmiendo profundamente en la fase REM del sueño.

De esta manera, ayudamos al cerebro a focalizarse en aquellos recuerdos dolorosos, no procesados ni integrados, que como heridas físicas, necesitan ser observadas, limpiadas, curadas  y sanadas, para que finalmente  se cierren y se conviertan en cicatrices.

Las heridas psicológicas duelen porque están abiertas, están vivas aún, aunque pueda parecer que ha pasado mucho tiempo desde que se produjo el evento. Sin embargo, el cerebro no entiende del paso del tiempo, y si una herida no se ha curado y cerrado bien, seguirá reabriéndose en el presente mediante estímulos (disparadores) que guarden relación con la carga emocional traumática no procesada.

JOSE FUENTES

PSICOLOGÍA

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