AUTOESTIMA Y AUTOCONCEPTO
Todas las personas construyen y mantienen sobre sí mismas una valoración (emocional) y una representación (cognitiva) de quiénes son. Ambas pueden ser más positivas o más negativas, acompañándoles a lo largo de sus vidas. Estos dos constructos representan la autoestima y el autoconcepto, respectivamente.
AUTOESTIMA
La valoración que hacemos de nosotros mismos viene determinada por cómo se nos ha valorado desde el contexto que nos rodea.
En primer lugar, necesitamos de unas figuras (externas) que comiencen a valorarnos, positiva o negativamente, para después hacer nuestra esa valoración y convertirla en propia, de tal manera, que ya no se necesita la presencia constante de esa figura externa para que emita un juicio de valor sobre nosotros, si no que la propia persona es capaz de emitirlo acerca de sí mismo.
Se trata de un aprendizaje que hacemos a lo largo de nuestra vida, que puede ir cambiando en el tiempo, ya que se ve condicionado en función de las experiencias vitales que la persona va viviendo en los diferentes contextos con los que se relaciona: social, familiar, académico, laboral, deportivo, intelectual, etc, pudiendo desarrollar “parcelas” de autoestima diferentes en función del área que corresponda.
Por tanto podemos establecer un continuo que abarcaría desde:
BUENA/ALTA AUTOESTIMA ———— MALA /BAJA AUTOESTIMA
BUENA/ALTA AUTOESTIMA
Generalmente, son personas más seguras de sí mismas, que tienen mayor confianza en sus capacidades y habilidades, lo cual les permite asumir responsabilidades, tomar decisiones, enfrentar riesgos, ya que tienen una alta expectativa de éxito y logro.
No dependen tanto de la valoración externa, ya que mantienen una adecuada valoración interna. Esto no significa que toda su autovaloración sea positiva, si no que hay un equilibrio entre aquellos aspectos que valoran más positivamente con aquellos que valoran más negativamente, siendo predominantes los positivos.
MALA/BAJA AUTOESTIMA
Generalmente, son personas que dudan y menosprecian sus capacidades y habilidades, manteniendo una baja expectativa de éxito y logro sobre los objetivos que se proponen. Suelen ser personas más inseguras, sensibles a las críticas, insatisfechas y con altos niveles de autorreproches.
Suelen depender más de las valoraciones externas, intentando frecuentemente agradar y complacer a los demás para conseguir su aprobación y así poder tener una buena valoración interna.
La balanza entre la autovaloración positiva y negativa se inclina más hacia lo negativo, siendo sus peores enemigos.
AUTOCONCEPTO
El autoconcepto abarcaría la representación a nivel cognitivo que una persona tiene sobre sí misma. Constituiría la imagen, sistema de creencias y opiniones que una persona construye y mantiene sobre sí.
De igual manera que la autoestima, el autoconcepto se construye a partir de la representación que el contexto (externo) refleja a la persona, a lo largo del tiempo, para que finalmente lo haga suyo, y construya así su propia representación (interna) sobre quién es (identidad).
Al igual que la autoestima también, el autoconcepto puede ser cambiante a lo largo de la vida, en función de las experiencias vitales que tenga la persona y que le permitan ir construyendo la representación de quién y cómo es.
Ambos constructos teóricos hacen referencia a estados subjetivos y privados de la persona. Aunque puedan parecer conceptos similares, el autoconcepto respondería a la pregunta “¿Quién soy?” y “¿Cómo me veo?”, y la autoestima respondería a la pregunta “¿Cómo y cuánto me valoro; y cómo y cuánto me quiero?”
Tratamiento
Es importante entender que tanto la autoestima como el autoconcepto son una construcción que la persona hace a partir de sus experiencias vitales. Por tanto, ambos constructos pueden ser modificables.
En terapia, trataremos de ver de dónde viene esa manera de verse y valorarse a uno mismo, para contrastar si está ajustada a la realidad o no. La posibilidad de comenzar a “verse con otros ojos” asienta las bases para el cambio.
Todas las personas pueden tener un buen concepto y una buena estima sobre sí mismas, y para ello, hay que aprender a destacar los aspectos más positivos de uno (que todas las personas tienen), y aprender a aceptar y convivir con los negativos (teniendo en cuenta que estos no definen categóricamente quién y cómo es una persona).
Todas las personas son el conjunto de sus luces y sus sombras. Por tanto, el equilibrio entre quién soy y cómo me siento ante quién soy, es lo que realmente define qué es tener una buena autoestima y un buen autoconcepto sobre uno mismo.
“Todo el mundo es un genio, pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles,
pasará la vida pensando que es estúpido”.
Albert Einstein
JOSE FUENTES
PSICOLOGÍA
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