disociación
Se trata de un mecanismo de defensa natural que utiliza nuestro cerebro cuando NO tiene la capacidad de poder procesar e integrar la información de las experiencias vividas en una sola, generando estados o partes disociadas.
El cerebro trabaja de tal manera que recoge toda la información que compone la realidad de la persona, tanto externa como interna, y la procesa e integra para conformar una única experiencia de realidad, con un sentido coherente, congruente y cohesionado del YO.
Hablamos de un estado mental que recoge:
– El sentido de agencia (YO hago de forma activa)
– El sentido de pertenencia (a MÍ me pertenece)
Sin embargo, hay veces que nuestro cerebro no puede llevar a cabo dicha asociación de información, teniendo que separar aspectos de la propia experiencia. Por ejemplo: ir conduciendo un coche (realizando una acción motora) mientras se va repasando la reunión que va a tener lugar cuando llegue al trabajo (realizando una acción cognitiva). La persona es perfectamente capaz de conducir sin “prestar atención” a la propia acción de conducir, mientras va repasando el discurso para la reunión.
Esta capacidad del cerebro de alternar y funcionar entre estados de conciencia se conoce como disociación.
Este mecanismo, adaptativo y funcional, puede ser experienciado por cualquier persona en algún momento de su vida, no siendo patológico.
No obstante, se pone aún más de manifiesto cuando se vive una experiencia con un alto contenido emocional (traumática), ya que esa información sensible, o parte de ella, no puede ser procesada e integrada correctamente con el resto de experiencias vitales de la persona. Por tanto, el cerebro separa esa información y la “guarda” como fragmentos desconectados (disociados) hasta que pueda ser procesada e integrada correctamente.
El problema no radica en que se produzca cierto grado de disociación para poder gestionar emocionalmente una situación complicada, si no que radica en que después no puedan tener lugar las tareas pendientes de procesamiento e integración de la información que se han tenido que fragmentar en primer lugar, pudiendo provocar que se desarrolle sintomatología específica como señal de que el proceso no se ha completado, y necesita ser completado.
Por tanto, no debemos patologizar la disociación, si no entenderla y ayudar a que se completen los procesos pendientes correspondientes.
En ocasiones, cuando este mecanismo se produce, la persona puede experienciar la sensación de extrañeza, rareza o distanciamiento ante ciertos componentes de la propia realidad, dando lugar a diferentes fenómenos como:
- Despersonalización: Distanciamiento de uno mismo. Fenómeno en el que uno puede observarse desde fuera, verse a sí mismo desde otro ángulo. Sentir que no se pertenece a sí mismo.
- Desrealización: Distanciamiento con la realidad. Sensación de extrañeza con respecto a la experiencia que rodea a la persona. Sentir que la realidad se distorsiona o altera. No percibirla con claridad.
¿CÓMO FUNCIONA LA DISOCIACIÓN?
Tenemos un cerebro que comienza a generar y a funcionar mediante estados o partes disociadas.
Por un lado, se encuentra la Parte Aparentemente Normal (PAN): un estado de conciencia del “YO” con el que nos identificamos, también conocido como “el Self”, que conforma el conjunto de experiencias que nos permiten sentir que cada persona es quién es: su identidad.
Por otro lado, se encuentra la Parte Vulnerable – Herida o Parte Traumática, en la que se recoge la información sensible y traumática de la experiencia

Debido al alto contenido emocional que se encuentra todavía activo en la PARTE HERIDA, el cerebro disocia ambas partes para que no entren en contacto, protegiendo así a la PARTE PAN de que el contenido traumático de la parte herida pudiera inundarla.

Por esta razón, hasta que no se consiga primero “desactivar” el contenido emocional de la PARTE TRAUMÁTICA, el cerebro va a generar una separación entre ambas partes mediante el RECHAZO y la EVITACIÓN, conocida como Fobia entre Partes.
Para garantizar la separación entre las partes, es muy probable que se genere cierta sintomatología, o incluso alguna otra Parte Disociativa (donde se recoja alguna sintomatología específica) para que ejerza la función de barrera de contención y que la información “almacenada” en la Parte Traumática no llegue a entrar en contacto con el Self (Parte PAN).
Por tanto, cada vez que haya algún estímulo que reactive la información sensible “guardada” en la Parte Traumática (Herida), se va a reactivar también necesariamente la sintomatología que haya desarrollado la persona para intentar “defenderse” del daño que esta le pueda causar, y que no entre en contacto con la PAN.
Lamentablemente, esta estrategia no solo no soluciona la problemática si no que la agrava, ya que cada vez se puede generar más sintomatología, y mayor distanciamiento y separación entre los diferentes estados disociativos, pudiendo provocar, cuanto mayor sea la gravedad de la disociación, mayor separación entre partes, lo que a su vez, puede llegar a generar un Trastorno de Identidad Disociativa (TID) o, comúnmente conocido, unTrastorno de Personalidad Múltiple.
tratamiento
Teniendo en cuenta que existe una clara desintegración de las áreas encargadas del procesamiento de la información, dando lugar a estados o partes disociadas que funcionan de manera aislada y separada, el tratamiento se centra necesariamente en poder unificar e integrar dichas partes para que puedan trabajar conjuntamente, no generando así estados de conciencia separados.
Para ello, en muchos casos, primero es necesario poder entender qué necesita cada parte, cuál es la función que está cumpliendo al estar ahí, por qué se han tenido que separar, y reducir la fobia disociativa que pueda tener lugar entre ellas (rechazo y evitación entre las partes), para que puedan comunicarse, entenderse e integrarse finalmente.
Cabe destacar que si este mecanismo de defensa se comienza a utilizar con regularidad desde edades tempranas del desarrollo, sin que después pueda tener lugar la correcta y sana integración de esas partes fragmentadas, el cerebro de la persona se va a desarrollar con mayores dificultades, viéndose comprometido a la hora de ejercer las funciones integradoras de alto orden: identidad, percepción, regulación, control, representación corporal, mentalización, etc, con las correspondientes limitaciones que eso conlleve, siendo más grave cuanto mayor sea la disociación entre partes.
JOSE FUENTES
PSICOLOGÍA
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